Marc Bayés // Quito.

Marcela Ribadeneira es escritora, crítica de cine, artista visual, editora, periodista y activa comentarista en Twitter. Hablamos con ella de su publicación Matrioskas en el programa radial literario Café con letras. A continuación, recogemos la transcripción de esa entrevista.

Marc (M): ¿De dónde te viene esa necesidad de escribir y entiendo que de leer?

Marcela Ribadeneira (M.R): Creo que la escritura es algo congénito, un defecto congénito; la lectura es mucho más placentera. Es algo que siempre me gustó. Creo que tuve la suerte de crecer en una familia que era muy lectora, padre y madre.

M: ¿Tienes algún referente literario que despertara en ti ese amor por la literatura?

M.R: Realmente no una sola figura. Me enamoro de muchos autores y de muchos libros cada mes, cada cierto tiempo. Ahorita hay una autora que, para mí, es muy especial, que se llama Hannah Arendt. En realidad, es una filósofa. Me gusta mucho leer sus crónicas y ensayos. De hecho, ella es ahora uno de mis referentes más fuertes, aunque estos siempre cambian, van rotando.


M: Publicaste tu debut literario en solitario en 2014. El título de esa obra es Matrioskas. ¿Cómo llegaste a este título?

M.R: En realidad fue un feliz accidente. Matrioskas es uno de los cuentos del libro y en algún momento en que estuve jugando a encontrar títulos, me di cuenta de que quedaba bastante bien en el conjunto, es decir, para dar nombre a un conjunto de cuentos que explora todas las capas, la serie de yos que existen en una persona, esa misma persona que se encuentra, se desencuentra, quiere a esas versiones de sí misma y las rechaza.

M: Eso es lo que va a encontrar el lector o lectora que se acerque al libro, ¿no es cierto?

M.R: Probablemente. Pero también me gusta sorprenderme con las lecturas que hacen del libro. Mientras más distantes están de la idea que yo tengo de lo que escribí, más me sorprende ese conflicto o diálogo que se genera.

M: Antes de entrar más en profundidad en la obra Matrioskas, me gustaría saber cómo elegiste la portada de tu libro porque llama mucho la atención.

M.R: Para mí, la portada, la parte visual era muy importante. De manera muy aficionada, hago collage digital, un poco de mix-media digital, y me interesaba que esa portada fuera una relectura visual, gráfica, del concepto de las matrioskas y a la vez, de esa construcción y deconstrucción, ese estar en el punto en el que uno de desvanece o se construye.

Estuve buscando artistas. Quería encontrar algo de alguien que no fuera muy conocido. Y navegando en la web, encontré a Marta Adserias, que vive en Barcelona y que ha hecho una serie de ilustraciones, entre ellas la que es ahora la portada de Matrisokas. La trabajamos un poco a partir de uno de sus originales y ese es el resultado.

“Un conjunto de cuentos que explora todas las capas, la serie de yos que existen en una persona, esa misma persona que se encuentra, se desencuentra, quiere a esas versiones de sí misma y las rechaza”

A (Andrés): Volviendo al texto, en La constelación de la clepsidra, uno de los relatos de tu libro, presenta a un personaje llamado Nathaniel. El tiempo se detiene para él cuando arma sus castillos de naipes, generando esa sensación de eternidad. ¿Cómo llegaste a la idea de este relato? Para ti, ¿existe algún momento en el que todo se detenga y genere esa sensación?

M.R. La génesis de ese relato se encuentra en una frase en latín: hic et nunc, que significa aquí y ahora. Se utiliza para describir la cualidad que tienen algunas obras de arte de congelar un aquí muy particular, y un ahora, es decir, un espacio y un tiempo.

Me gustó esa idea y me gustó traspasarla a una historia. Siempre me ha gustado hacer castillos de naipes. Por otro lado, me fascina la arquitectura. Se fueron ensamblando estos pequeños destellos de ideas que iba teniendo.  Se trataba de darle una historia que graficara este concepto, ese espacio congelado, ese aquí y ahora, y que, además, puede ser real.

Tú puedes leer ese relato como ciencia ficción o como la historia de un tipo que perdió la cabeza por completo o que la está perdiendo.

A: En el cuento Something in the way, me parece muy interesante la historia del niño bajo el puente. ¿Cómo llegaste a esa historia?

M.R: El cuento cambió de nombre en el libro. Se pasó a denominar Ordenanza municipal…y un número, no recuerdo qué número (risa). Parte de la idea de cómo, en las ciudades, a veces miramos a las personas con quienes nos topamos con pena, condescendencia…y me gustaba la idea de ponerme en los zapatos de ese niño del relato, de esa persona a la que muchos, tal vez, cuando lo vemos expresamos cosas como “pobrecito”, “duerme bajo el puente”, “vende esto o aquello”. Pero el niño está en su realidad y para él, la preocupación no es quedarse sin casa, sino por dónde pasarán los vehículos cuando boten ese puente como consecuencia de una ordenanza del municipio.

Entonces, quería despojarnos de esa mirada condescendiente, de pena. Ver al personaje y cuáles son sus preocupaciones.

M: No sé si me equivoco, pero detecto que siempre miras a esos personajes con cierta ternura. Incluso los perdonas muchas veces, porque incluso el personaje de Clemente Andrés Gómez de la Torre también tiene una explicación para hacer lo que hace, o la misma Gilda. Entonces, me da la sensación de que siempre perdonas a los personajes. ¿Crees que estoy en lo cierto o hay que matizar?

M.R: En cierta manera, sí. Quizás no los juzgo, más que perdonarlos. No emito un juicio acerca de esos personajes. Algunos pueden ser muy detestables. Clemente Andrés Gómez de la Torre lo es. Es un looser total.

Me gusta el hecho de ponerme en su lugar y entender al personaje. No tiene que ver con que perdones o aplaudas lo que haga, sino con tener cierta empatía.

M: Hay un relato central en el libro, Matrioskas, que da nombre al libro. En ese relato a uno le llama la atención la reflexión que se desprende sobre las capas que nos conforman. ¿Crees que tratar de desprenderse de las cáscaras o capas que nos permiten enfrentarnos a la cotidianidad es pernicioso, incluso puede acabar con nosotros?

M: Totalmente. Si destruyes todas las capas que forman parte de ti, estás destruyendo también lo que eres: todo lo que has vivido, todo lo que has aprendido, aquello que te ha construido como persona. Si emprendes ese proceso de despojarte de todo, estás despojándote de lo que tú eres. ¿Y en qué vas a quedar? No quedas en nada.

Creo que es un interesante ejercicio para reflexionar de cómo has llegado a ser lo que eres. Qué cosas de las que has tomado de la sociedad, de tu familia, de la educación, realmente se identifican contigo… porque, a veces, eres cosas que dices “esto no soy yo”, pero lo eres.

“Si emprendes ese proceso de despojarte de todo, estás despojándote de lo que tú eres. ¿Y en qué vas a quedar? No quedas en nada”

M: Lamentablemente, tenemos que ir terminando la entrevista, pero no sin antes preguntarte si tienes en mente algún otro proyecto que quieras y puedas compartir con nosotros.

M.R: Estoy escribiendo algo. Todavía le digo la no-novela porque no tiene forma. También estoy escribiendo relatos, pero quiero concentrarme en el collage digital. Estoy concentrándome en completar una serie que tenía. Quiero descansar un poco de las letras y dedicarme más a eso, que es algo que me da mucha más satisfacción, curiosamente, que escribir.

M: Por último, Marcela, ¿qué café nos recomendarías para acompañar con la lectura de Matrioskas?

M.R: Un café con alcohol. Elijan ustedes con cuál: brandy, puntas, lo que sea. Sin azúcar.

 
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