Marc Bayés // Quito.

Lucía Moscoso es licenciada en Lengua y Literatura Española y Lenguajes Audiovisuales por la Universidad de Cuenca. Es escritora y ha trabajado como docente de Lengua y Literatura,  como  autora de libros y material didáctico en la Editorial Pangea, como correctora de estilo, coordinadora de talleres literarios y como editora en la editorial Mecánica giratoria. Su ópera prima es Dictado de la mano izquierda.

Marc (M): Cuando uno lee tus datos biográficos, se da cuenta rápidamente de que tu vida gira en torno a los libros. ¿De dónde te viene ese amor por ellos?

Lucía Moscoso (L.M): De haber crecido rodeada de libros, de tenerlos siempre al alcance de la mano y de acercarme a ellos para poder lidiar con el mundo (risas)…o de escaparme, a veces.

La lectura ha sido algo que ha estado en mi vida desde muy pequeña, es algo que siempre me ha gustado y sí, nunca pensé que mi vida iba a girar en torno a los libros, pero resulta que sí.


Andrés Sánchez (A): Y ya que hablamos de libros, ¿se te viene a la mente alguna lectura de tu niñez?

L.M: Además de los libros infantiles, se me viene a la mente Julio Verne. También leí a Nabokov a muy temprana edad. Tal vez no fue lo más recomendable, pero…Después me acerqué a otros autores: Cortázar, que hoy por hoy no me encanta, pero que en su momento lo disfruté bastante.

De hecho, hay muchos autores que pertenecen a una época muy determinada y que luego ya no significan lo mismo para uno. Por ejemplo, Herman Hesse. A los quince años este autor fue toda una revelación para mí, pero ahora creo que no lo disfrutaría como lo disfruté en esos momentos.

M: ¿Y ahora qué género te interesa más?

L.M: Ahora lo que he estado haciendo es volver a la ciencia ficción. Estoy leyendo a los clásicos del género: Asimov, Welsh…porque en un momento fue un género que me gustó mucho, que me apasionaba, me hacía imaginar, preguntarme muchas cosas y entender otras. Pero por mucho tiempo lo abandoné y me dediqué a leer poesía.

M: En la poesía, ¿qué autor está cercano a tu poética?

Creo que hay un autor, Roberto Juarroz (1925-1995), argentino, que me llega mucho y que ha sido interesante leerlo después de escribir el libro y encontrar ciertas similitudes.No digo que estoy en ese nivel, lo que quiero decir es que he encontrado coincidencias, cosas que hubiera querido decir y que, en ese autor, lo encuentras expresado de forma más directa, más profunda, más bella.

“La parte complicada fue separar mi propio gusto, mis preferencias, del ojo que tiene que tener el editor para que el libro funcione”

M: Hemos leído en alguna entrevista que no te gusta llamarte poeta…¿por qué?

L.M: Ay, porque los poetas son un desastre (risas). Creo que tiene que ver con dos cosas. Por un lado,  me molesta un poco todo lo que gira en torno de la figura del poeta. Todo lo que pasa con la institución, con el compadrazgo, con este pequeño mundo de gente que escribe, que hace poesía, que se hacen llamar poetas y que, a la final, se comen los unos a los otros y…Es un mundo al que he estado muy cercana todo este tiempo, pero siempre con mis distancias, ¿no?  Por otro lado, porque tengo mucho respeto por la poesía y eso hace que me cueste considerarme poeta, decir “hola, soy poeta”.

M: ¿Cómo ha sido trabajar con los poetas que has antologado?

Con Mecánica giratoria, que es una editorial que empecé a manejar desde hace un par de años, decidí hacer una antología de poetas jóvenes. Son poetas que nacieron en la década de los noventa; entonces, es la poesía más joven.

Son poetas de Latinoamérica, de varios países. Del Ecuador, están Cristina Pavón, Romero Vinueza, Paola Cando, Vicente Raevla, Esteban Polo, Giovanni Salvatore Bayas…Son de Quito, de Cuenca, de Guayaquil.

En realidad, fue bastante entretenido el trabajo de antologar porque estos poetas coinciden en ser digitales, en moverse en ese mundo digital y súper veloz. Llegaron los textos muy rápido y hubo muchos textos. Hubo de donde escoger.

La parte complicada fue separar mi propio gusto, mis preferencias, del ojo que tiene que tener el editor para que el libro funcione. Por ahí, me llegaron textos que personalmente no me gustaron y que me costó un poco el trabajo de discernir si incluirlos o no.

Al final, casi todos los textos que están ahí coinciden con mi gusto personal, pero fueron escogidos en función de la antología, cuyo objetivo era presentar qué se está haciendo en la poesía más joven y mostrar diferentes voces, estilos, aunque no sean estilos totalmente conformados, pero que no sean poemas similares o de una temática similar.

“Me molesta un poco todo lo que gira en torno de la figura del poeta. Todo lo que pasa con la institución, con el compadrazgo, con este pequeño mundo de gente que escribe, que hace poesía, que se hacen llamar poetas y que, a la final, se comen los unos a los otros”

M: ¿Trabajaste con más gente o tu sola en la selección de esos poemas?

L.M: No. En realidad, no, porque la editorial soy yo. Trabajo con otra gente en la cuestión de diseño, diagramación, cosas que igual estoy aprendiendo más, para poder hacerlo yo…pero el trabajo de edición lo hago yo.

A: ¿Qué se encuentra haciendo Lucía Moscoso dentro del mundo de las letras en este momento? ¿Hay algún proyecto entre manos?

L.M:Un millón. Estoy escribiendo como todo el tiempo, pero no tengo una proyección de publicación.

Estoy más centrada en la editorial. Hace unas dos semanas salió el último libro, que se llama Cover, de un poeta peruano, Martín Zúñiga Chávez. Tiene 32 años, me parece.

Tengo tres libros más de otros autores en cola. Los estoy trabajando.

M: Nos llama mucho la atención el título de tu poemario, Dictado de la mano izquierda. ¿Qué pistas nos puedes dar para interpretar ese título?

L.M: Que no es comunista (risas). El título sale de un poema, en realidad; del primer poema con el que empieza el libro.

Me cuesta un poco explicar el porqué de las cosas que uno escribe, ¿no? Pero me parece que, al final, cuando el libro ya estaba armado, salió ese título – a mí, generalmente me cuesta un montón poner los títulos-.

Lo relacioné a una cuestión del subconciente. La idea de lo derecho como lo recto y lo que sale del otro lado, del izquierdo, que todos tenemos.

También está la idea de “irse por la izquierda”, que es hacer trampa (risas).

M: En uno de tus poemas dices “el lenguaje desabotona la soledad”, ¿qué nos puedes decir sobre eso?

L.M: No creo que les pueda decir mucho sobre eso, en realidad. Puedo decir que todos los textos fueron escritos en un momento de mucha interiorización y en ese sentido, de mucha soledad.

Cuando el “lenguaje desabotona”, lo que se logra es abrir un espacio de esa interioridad, compartirlo, vaciarse…y, bueno, igual te quedas solo.

M: ¿Qué buscas en tu poesía?

L.M: No volverme loca, nomás. No tengo una idea de querer hacer esta poesía o de escribir con un objetivo. Simplemente, es una necesidad, es algo que necesito hacer. De repente, tengo imágenes en la cabeza, cosas que escucho, y de un momento a otro, llega la hora de escribir. Es como vomitar, pero más bonito.

M: Cuando el lector coja Dictado de la mano izquierda, ¿qué esperas que encuentre en ese libro?

Tal vez puedo decir, mejor, lo que no encontrará el lector. No es poesía romántica, no es erótica. Generalmente, estos dos temas están muy relacionados con la mujer escritora. Sí me gusta decir que no hay nada de eso.

Encontrará reflexiones más existenciales, preguntas, cuestionamientos…

M: Te he visto en encuentros de escritura femenina, pero a mí, siempre me ha costado ver la diferencia entre la poesía femenina y la masculina…

L.M: A mí, no me gusta ver la diferencia, mas bien me molesta esa separación, o sea, no me parece muy necesario. Sin embargo, sí que hay estas líneas temáticas marcadas: erotismo y amor. Y está bien, pero no las comparto. No me parece que por ser mujer tenga que ser esa la temática que trate.

A: Tenemos que ir terminando la entrevista y no sé si nos puedes recomendar algún café que te guste tomar mientras lees un libro o mientras escribes.

L.M: El café pasado. El clásico.

“Sin detenerse, sin bajarse//dibuja una mueca en el espejo//y encuentra la muerte por la boca”, Lucía Moscoso.

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