Marc Bayés // Fotografía: Camila Girón y Jonathan Piedra // Quito.

Es viernes al mediodía. El tráfico está impracticable en la Avenida Patria. Es imposible cruzar la calle para llegar a la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión (CEE). El paso cebra no detiene a los autos pero sí al peatón.

El bullicio de la calle contrasta con la tranquilidad del parque que rodea la CCE. Muy pocos franquean la entrada al edificio, de la que cuelga un cartel anunciado la IX Feria del libro de Quito. El visitante de este evento, cuyo objetivo oficial es promover la lectura en la sociedad ecuatoriana, se encuentra en un espacioso hall, inmenso y, sobre todo, vacío.

En una esquina tranquila de la puerta de entrada, hay una  poco concurrida mesa con una señora sentada. Ella es quien alcanza, automáticamente, un ejemplar de la magnífica publicación del programa del evento literario a quien se acerca. Debe ser el punto de información. Nada anuncia que lo sea.

dsc_0181

Aquel que, pese al aire de abandono del lugar, se aventura a seguir andando por el interior del edificio se encuentra con un amplio pasillo con puestos de libros a lado y lado: 4 estands mal iluminados y 4 gatos. En los tres pisos ocurre la misma cosa: poca luz y menos visitantes. Rodrigo Andrade, expositor de Bibliothek, sentencia: “La feria no crece porque no hay publicidad”.  Su compañero de estand, Óscar, lo secunda: “No es como en otros años”.

Los libreros, a pocos días de empezar la FilQuito2016, recibieron la noticia de que se cambiaba el recinto ferial: del bicentenario a la CCE. Algunos de ellos se plantearon no acudir al evento, pero ya lo tenían todo preparado, así que decidieron participar. Sin embargo, el reclamo se instaló en los expositores. Miguel Vallejo, empleado de Libresa, subraya que “el cambio repentino de recinto ferial” fue un factor determinante de la  mínima concurrencia a la feria de este año.

El cambio de escenario inesperado es un error de organización, pero no explica los malos resultados de la feria. A algunos les gustaría creer que lo que dicen los índices de lectura del país de la mitad del mundo es el factor determinante, pero el caso es que la última encuesta de hábitos lectores de los ecuatorianos reveló que el 73% lee a menudo, extraordinariamente por encima de los valores de otros países latinoamericanos.

entretenimiento-en-la-filquito

Según los datos de Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina) y la Unesco sobre el comportamiento lector y hábitos de lectura en América Latina y el Caribe, publicados en 2012, Colombia tiene un hábito lector del 45%; Perú, del 35%, México, del 25%. Bogotá (Colombia), Lima (Perú)  y, especialmente, Guadalajara (México) celebran ferias del libro tremendamente exitosas.

El objetivo de los ecuatorianos debería ser empezar a competir con los países vecinos, ya que Colombia y Perú siempre nos llevan la delantera con ferias y publicaciones literarias”

Lima y Bogotá son las dos capitales de los países limítrofes con Ecuador. Han celebrado este mismo año 2016 una FIL con cifras de asistencia y de ventas loables. Los valores de ambas ferias sobrepasan el medio millón de visitantes y se divulgan en distintos medios con orgullo. En Ecuador los datos son muy distintos: según el Ministerio de Cultura y Patrimonio —la entidad responsable de la organización de la feria del libro de Quito—, entre 2011 y 2015, asistieron en promedio 103.313 personas, publica el diario La Hora. Para este año 2016, Luzuriaga, presidente de la Cámara del Libro ecuatoriana, aseguró a El Comercio de Ecuador: “Se busca tener dos fines de semana para convocar al mayor público posible (…) tenemos registros que son más de 80.000 las personas que nos visitan año a año (…) este año esperamos tener más convocatoria, si llegamos a los 100.000, sería un éxito…”. Terminado el evento, un tuit de La Cámara indicaba que más de 60.000 personas habían asistido a la feria.

La cifra de ventas en la FIL Lima en 2015 fue superior a los 4 millones de dólares, según publica la organización. El evento colombiano registra una cifra de negocio de más de 12 millones de dólares, según el diario económico Portafolio. Frente a estas grandes cantidades, los números ecuatorianos representan valores poco convincentes para los expositores y los negocios editoriales: el promedio de ventas de la FIL Quito supone 84 mil dólares entre 2011 y 2015.  Sin embargo, según declaraciones a El Comercio, Luzuriaga sostiene que las ventas de esas empresas en la feria sobrepasarían los USD500.000 solamente por la comercialización de libros.

Juan Pablo Crespo, escritor y editor independiente ecuatoriano, reclama que  “el objetivo de los ecuatorianos debería ser empezar a competir con los países vecinos, ya que Colombia y Perú siempre nos llevan la delantera con ferias y publicaciones literarias”.

La FIL Guadalajara, el país menos lector registrado por el informe, presenta cifras astronómicas en 2015: 792 mil visitantes y 42 millones de dólares en ventas.

Si el índice de lectura no permite establecer el éxito o fracaso de una feria, quizá sí otro aspecto: las actividades. Bogotá presentó 1500 eventos en 14 días; Lima, más de 720 actividades culturales en 17 días; Ecuador, poco más de 100 en 10 días.

No es necesario encarnizarse en comparativas odiosas, pero hay una lección de fondo: La FIL Quito no funciona en términos cuantitativos, pero tampoco en los cualitativos. ¿Por qué no una feria con personalidad, distinta, alternativa, independiente? ¿Funcionaría una feria de editoras exclusivamente independientes? El caso es que estas editoriales estaban relegadas al tercer piso de la CCE, frente al célebre mensaje de Benjamín Carrión: “Si no podemos, ni debemos, ser una potencia política, económica, diplomática y menos, ¡mucho menos!, militar, seamos una gran potencia de cultura; porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia”.

¿Sería pedir demasiado a las instituciones públicas —que siguen sin hacerle mucho caso al evento— que piensen cómo mejorar la FIL? Crespo señala que “jamás” ha sido incentivada la lectura en Ecuador y jamás ha sido puesta la cultura en “un lugar central desde el poder, desde la política”. La campaña de lectura Eugenio Espejo terminó en 2011. No es posible encontrar en su web ningún análisis de resultados.

La FIL Quito sigue celebrándose, pero exige un replanteamiento profundo, innovador, imaginativo si quiere dejar el agónico espectáculo que viene mostrando.

Si no podemos, ni debemos, ser una potencia política, económica, diplomática y menos, ¡mucho menos!, militar, seamos una gran potencia de cultura; porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia”

Son las cinco de la tarde del viernes. La Casa de la Cultura Ecuatoriana sigue tranquila, callada. En la Avenida Patria, sin embargo, el bullicio de los transeúntes y, sobre todo, de los automóviles a estas horas es ensordecedor.

Anuncios