Carlos Aulestia Páez abrió la presentación del libro Textos Breves, del poeta Julio Pazos, este jueves pasado en el Centro Cultural Benjamín Carrión. Esta es la transcipción de su intervención:

“Comienzo con la infidencia de remedar que Julio Pazos siempre quiso escribir cuentos. Dada su notoria y predominante personalidad lírica, el cuento acaso le parecía un género ajeno e intimidante. Este fenómeno no es poco frecuente. Muchos narradores, atraídos por la hermosa ambigüedad de las imágenes, la perfección de las metáforas, el rítmico sonido de los versos se han entregado, a veces a hurtadillas, a la escritura de poesía.

Y aunque Julio nunca había escrito cuentos no cabía duda de que era un narrador. Día tras día, había relatado a sus alumnos, a sus colegas de la universidad, a los escritores y artistas, a sus amigos, a su familia cientos de anécdotas coleccionadas en la memoria producto de su asombroso registro de la realidad.

Estas experiencias son la materia prima de la lírica de Julio Pazos y las podemos encontrar transformadas en intensas líneas poéticas en sus ya innumerables poemarios. En estos Textos Breves, sin embargo, las anécdotas toman, como en la conversación, nuevamente su forma narrativa.

Así, debemos considerar la obra de Julio Pazos como una materia protéica. Textos Breves es prueba de ello. Las pequeñas prosas que conforman el libro, si bien pueden leerse como cuentos, están previsiblemente atravesadas por recursos y procedimientos poéticos; entre ellos, la elipsis: el lector debe indefectiblemente completar lo no contado; construir y reconstruir el texto; imaginar lo que hábilmente se disimula.

En este minimalismo, el sentido, en cambio, crece y se vuelve ilimitado. No pocos textos están constituidos con escenas que contienen ideas profundamente irónicas, producto de reflexiones agudas. En estos casos nos sentimos tentados a considerarlos pequeños, pequeñísimos ensayos, asentados en eternas paradojas que surgen del pensamiento o de la contemplación de la vida. Así podemos entender el primer texto del libro, que no lleva título, como rasgo de su singularidad.

Otro, llamado preceptiva literaria, constituye el ADN de una poética, de una teoría de la creación.

Para terminar, hay que decir que Julio Pazos no puede, en su obra, prescindir de la influencia de la plástica. Podemos leer estos textos breves como si asistiéramos a una exposición de diminutas acuarelas. A veces, en ellas se presentan escenas en las que interactúan personajes; en otras, vemos únicamente planos cerrados de individuos imaginarios en los avatares de su existencia; hay, incluso, composiciones abstractas, como en el texto titulado Concentración, y algunos ensayos fatalistas sobre la vida.

La extensión, en este libro editado con inteligencia y profesionalismo, cede su importancia a la intensidad. Personalmente, en mi lectura, me vi constantemente en la necesidad de detenerme y releer. Me atraparon dos cosas de estos Textos Breves: la exactitud con la que se plantean los problemas que exigen agua reflexión y la sutileza y gracia con la que Pazos cuenta, crea personajes, diálogos mínimos, pero poderosos e inolvidables”

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