Juan Secaira, poeta, fue ayer el entrevistado de la semana en Cafés con letras. Este escritor ha publicado recientemente La mitad opuesta, cuya portada pintó la artista Gabriela López Santana.

Alicia Ortega, reconocida académica especialista en literatuta, escribe un breve ensayo “buenísimo” —puntualiza el poeta quiteño— en La mitad opuesta. Este texto crítico de introducción al poemario le permitió al autor conocer más sobre su propia obra. Entre risas, Juan confiesa su asombro cuando leía el texto de Ortega; en ocasiones, incluso, cuando leía el minucioso análisis de la obra, se preguntaba: “¿Yo hago esto?”

Pedro Gil, también poeta y poco dado a los halagos —”conste que soy renuente a los adjetivos, zalamerías y compañía”, apostilla—, cierra el libro de Secaira, con un elogio al que llama “Poeta con mayúsculas”.

“La poesía es una muestra de lo que ha atravesado uno”, dice este escritor. Señala que es un libro muy distinto a los anteriores. “Lo abrí con esto de que yo escribo a mano y no puedo con la derecha. Acostumbrarte a la otra es terrible”. Cierra el libro explicando lo que le ocurre, la enfermedad, a través del poema El mal.

Cuenta Secaira que en este libro pudo intervenir bastante en la edición. Una de las modificaciones que pidió a la diseñadora de La mitad opuesta fue que las líneas estuvieran medio torcidas porque acota: “Yo no estoy derecho”.

Revela que siempre ha intentado “agrandar la óptica de lo intelectual propio de la escritura”,  a través del arte plástico, por ejemplo. Siempre le han interesado las distintas manifestaciones artísticas.

Cuando se planteó escribir poesía, reflexionaba: “Si me dedico a la poesía, me voy a lanzar, voy a tirarme al abismo” y eso ha hecho hasta las últimas consecuencias y frente a todo.

Escucha la entrevista completa aquí:

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