Camila Girón // redactora

Son las 7:30 de la noche y Eduardo Varas saluda a los asistentes. Muchos son amigos, algunos familia y otros estudiantes. Se sienta en la mesa: a su lado derecho,  María Auxiliadora Balladares y, a su izquierda, Leonardo Valencia.

Son presentados como los ‘pesos pesados’ de la literatura guayaquileña y posteriormente, cuentan que más que escritores son amigos, desde hace mucho tiempo, del homenajeado de la noche. Amigos que están presentes para celebrar el más reciente acontecimiento, el lanzamiento de Faltas ortográficas, la tercera obra de Eduardo Varas Carvajal.

La gente se empieza a sentar. Rápidamente se llena la salita. Ya no hay más asientos. La gente sigue llegando.

Eduardo, siempre modesto, da inicio al conversatorio. Nada está preparado o ensayado: es evidente. También es evidente que le incomodan los numerosos halagos por parte de sus compañeros de mesa al inicio de la presentación. Cede la palabra a María Auxiliadora.

Valentina Tuchie

Esta autora tiene preparado un texto. Explica la temática central de libro de relatos de Varas. Habla del conflicto que tienen los personajes. Con voz neutra, clara, calmada señala una particularidad  de la obra. Eduardo se asombra de que lo haya notado; lo dice su cara, levanta las cejas y asiente con la cabeza; tal vez ni él mismo había notado ese detalle.

“Un motivo que se repite en el libro de Eduardo es el de la caída. Los personajes de los cuentos tropiezan y caen, o se debilitan y caen o son muertos y caen. Ese gesto casi siempre mínimo en donde se pierde el control del cuerpo es quizás el que mejor ilustra la poética de Faltas ortográficas. La caída es la metáfora de la erupción apocalíptica, del fin de las cosas como las conocemos. Felicidades Eduardo”, concluye después de casi diez minutos de hablar, felicitar y compartir su experiencia con el libro.

El público aplaude y acto seguido intervine Leonardo. La sala es oscura, con una luz tenue. En las paredes cuelgan unos cuantos cuadros: una foto de Cortázar a blanco y negro, una de los Beatles y otros tantos.

Valentina tuchie

Valencia comienza su intervención confesando que no le gusta presentar libros, pues no le permite contar tanto sobre la obra como le gustaría. “Me siento en contención extraña, muy dolorosa”, explica. Pero también aclara “no le podía decir que no a Eduardo porque aparte de la amistad que tenemos hace muchos años, de alguna manera me siento cómplice desde su primer libro”. Entre las cualidades que rescata de cada uno de los cuentos, subraya que los cuentos son “muy potentes”.

Terminada su participación se abre espacio para que ambos compañeros de mesa le hagan preguntas al respecto. Una de ellas versa sobre la cronología en cuanto la escritura de los cuentos. Eduardo, pensándolo bien, llega a la graciosa conclusión de que, aun sin quererlo o pensarlo, los cuentos están ubicados en el libro casi en el mismo orden en que fueron escritos “a excepción de uno o dos”, acota.

Una vez que han conversado, Varas concluye con un agradecimiento, sin dejar el humor de lado. Da las gracias: “Había hecho una lista [de agradecimientos], pero no traje la lista”. Todos se ríen y al igual que yo piensan que es algo muy al estilo de Eduardo. “Nada extraño en mí”, continúa. “Quiero agradecer primero a Dios”, y se ríe. Todos reímos. Ahora con un poco más de seriedad, dice, “a mi familia, a Marcela (su esposa), por darme el empuje…  mis amigos, a Mónica, primero, por esta gran presentación; segundo, por darnos este espacio aquí hermoso… quiero agradecer a toda la gente que está aquí, amigos y estudiantes, que están aquí amenazados con que van a sacar cero si no venían”, bromea, como siempre.

Acabado el conversatorio, nos invitan a brindar por Faltas ortográficas. Muchos se acercan a la caja a comprar el libro y rápidamente, se apilan frente a la mesa a la espera de una firma del autor.

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