Mónica Ojeda, escritora y profesora universitaria de literatura, habló sobre su narrativa el pasado jueves 29 de junio en el programa radial de literatura Cafés con letras. La  conversación giró en torno a la extraordinaria novela La desfiguración Silva. La obra, publicada por Cadáver Exquisito Ediciones en marzo de 2017, estuvo a cargo de Maria Paulina Briones y esta es su segunda edición.

“Hay Festival, con la ayuda de los escritores Leila Guerriero, Carmen Bullosa y Darío Jaramillo, presentó la lista final de Bogotá39-2017, con 39 de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina”, señala BBC Mundo. Mónica Ojeda fue seleccionada entre este prestigioso grupo de escritores.

La desfiguración Silva, escrita en 2012, muestra una estrecha relación con el arte. “Para mí, es muy importante que el arte sea un ejercicio de expandir momentos que se escapan, momentos efímeros. Esos momentos tienen que tener una cierta dureza y una cierta crudeza. ¿Por qué? Porque siento que lo único que a mí me mueve a esribir, que me detiene de mi vida de placer -es decir, dejar de ir a comer o de pasear, ponerme a ver series, etc.- y encerrarme en una habitación oscura y pasarme horas y horas escribiendo es tener algo en la cabeza que me está martilleando, algo que me problematiza y que no entiendo”. Aclara la escritora guayaquileña que cuando escribe es porque necesita “trabajar” con algo que le parece “crudo”, que puede ser violento o no, pero que le genera “un problema” y, como una terapia psicoanalista, tiene que tratar de decirlo para “pasar a otra cosa”.

A veces, después de ese proceso de escritura, como le ocurrió a la escritura con Nefando: “Entiendo que no entiendo, que no podré entenderlo, pero también es una forma de entender. Hay experiencias que se te escapan y tienes que aceptarlo”.

En La desfiguración Silva, los hermanos Terán crean un juego en el que todos los implicados descubren algo de sí mismos. En ese transcurrir del juego aquellos que forman parte de él resultan agrededidos. Todos ellos tienen una revelación que les hace ver cosas de sí mismo que no les gustan o que no querían ver.

Cuando un lector acepta leer una novela, entra en un juego. “El juego es una propuesta al lector para que participe,  vaya agarrando pistas y respondiéndolas; inclusive, las cosas que no se dicen, pero que están palpitando debajo de situaciones”, forman parte de este proceso lúdico.

Recordar es abrir un grifo y esperar a que salga el agua caliente, “tienes que esperar”; no va a salir de una el agua caliente. “Así es el ejercicio de la memoria”, sentencia Mónica Ojeda.

Escucha la entrevista completa aquí:
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